Moldeando las formas de la mujer amada,
Con arcilla y agua del Cielo llovida;
Formas divinas por Dios inspiradas,
Fue gran alegría el darte la vida.
Lecciones de alfar del mejor Maestro,
Empleadas con arte al hacer tu cuerpo;
El hizo con barro su primer muñeco,
La mujer que yo hice, era un ser perfecto.
Alegría de vida me recorre el cuerpo
Después de cocido el barro alfarero.
Envidia le ha dado a ese gran Maestro;
Te ha roto en pedazos..., tirándote al suelo.
Emilio. 1Diciembre2003

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