Alegre vida he vivido
en mi juventud lejana,
todo se hacia posible
y de todo disfrutaba.
Todo soñando ocurría
y todo se realizaba,
-aunque fuera un imposible-
cuando mi mente soñaba.
Qué buenas noches pasé
creyendo que te abrazaba
sufriendo al amanecer
que tan solo era la almohada.
Sueños de alegría y dicha
de pasiones aceptadas,
de besos y de caricias
aunque fuese con la almohada.
Han pasado ya unos años
-treinta y tantos, no son nada-
ya no te sueño de noche
porque ya eres tu mi almohada.
Mil años aún preciso
para decirle a la almohada,
que ya no tendrá mis besos
estando al lado tu cara.
Emilio. 11/05/2002

No hay comentarios:
Publicar un comentario