Sobrio un español aspira
lo que beodo no pide;
al estar así no mide,
lo que sereno suspira.
En su mente está la idea
de ser perfecto y brillante
y no valora el tunante
lo que el vecino desea.
Cuando muy digno se enfada
por no recibir aplausos,
rompe en ira los espacios
con estrechez desatada,
y enterrándose en la nada,
se le hunden los palacios.
Emilio.
Marzo 2001
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